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Apócrifo (del latín apócryphus y este del griego απόκρυφος apókryphos, «no-revelado») El término "apócrifo" se ha utilizado a través de los tiempos para hacer referencia a los distintos textos o escritos sagrados que no han sido incluidos en el canon de ninguna de las distintas Biblias judías y/o cristianas. Desde esta perspectiva, existen controversias muy antiguas entre los diferentes grupos confesionales al seno de la Tradición Judeocristiana; dado que cada uno de dichos principales grupos confesionales (cristianos ortodoxos, cristianos orientales —cópticos eutiquianos, siríacos nestorianos, etc.—, católicos romanos, protestantes y paraprotestantes de todas las tendencias) a través de los siglos, ha venido planteando algún canon diferente de los grupos restantes, y ha ido reservando el término de "apócrifos" para distintos grupos de textos y de escritos no inclusos en su propio "Canon" de escritos sagrados.
Algunas precisiones importantesEl primero en usar el término en este sentido fue Jerónimo de Estridón, en los escritos en que comenta la tarea que representó la traducción al latín del texto bíblico, a fin de designar a algunos de los libros que hoy son conocidos como deuterocanónicos, que habían sido incluidos en la Biblia judía griega (Canon Alejandrino), llamada Biblia Septuaginta, o de los LXX, aun cuando no aparecen en la Tanach judía hebreo-aramea (Canon Palestinense), que fue redefinida por Sínodo de Jamnia en el 95 d.C., y luego utilizada por las comunidades judías de la diáspora. Jerónimo ignoraba las grandes disensiones que esta decisión atraería con el tiempo al seno de la Cristiandad del Mundo Occidental. Algunos de estos libros: I Esdras, Tobit, Judit, I Macabeos, II Macabeos, III Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, el Libro de Baruc, la Epístola de Jeremías, la Historia de Susana, la Historia de Bel y el Dragón, el pasaje Daniel 3:24-50 (comúnmente llamado la Oración de Azarías), el pasaje Daniel 3:51-90 (comúnmente llamado el Cántico de los 3 Jóvenes), el Capítulo 151 del Libro de los Salmos [de David] (comúnmente llamado el Salmo 151), y el Capítulo 12 del Libro de las Odas (comúnmente llamado la Oración de Manasés), el Epílogo Griego del Libro de Job, el Epígrafe Griego de varios de los Salmos [de David], y el Epígrafe Griego del Capítulo 1 del Libro de las Lamentaciones, así como distintos pasajes agregados en los Códices Griegos al Libro de Ester (comúnmente agrupados bajo el nombre de "el Descanso de Ester", por una mala traducción de la expresión inglesa "the Rest of Esther", mejor interpretada como "el Resto de Ester"), que conferían a ésta un carácter religioso del que había carecido de forma original, finalmente serían aceptados, de forma casi unánime, por los distintos grupos históricos cristianos (cristianos ortodoxos, cristianos orientales —cópticos eutiquianos, siríacos nestorianos, etc.—, y por los católicos romanos). Todos estos escritos fueron ratificados por las letras de muchos de los Padres de la Iglesia en Oriente y Occidente. Y, en el caso concreto de la iglesia latina, 13 de estos textos, sumados en total, fueron legitimados por el Sínodo de Roma, en el año 380 d.C. Sin embargo, el término volvió a ser aplicado a estos mismos textos por Lutero, y otros reformadores protestantes del Siglo XVI. A causa de lo cuál, la Iglesia decidió ratificar su legitimación en el Concilio de Trento, en el año de 1546. Algunos otros libros propios de la Biblia judía griega alejandrina (Canon Alejandrino, Códice Alejandrino): IV Macabeos, el Libro de los Salmos de Salomón, y el resto de los textos del Libro de las Odas, aún pueden leerse como apéndices al texto de las Biblias cristianas ortodoxas. Algunos otros libros fueron considerados escritos inspirados, al menos por algunos de los Padres de la Iglesia, así como por grupos históricos cristianos, siendo considerados apócrifos más tarde, o allende los contextos en que fueron acogidos:
Varias de las iglesias y sectas protestantes y paraprotestantes, así como los judíos rabínicos, siguen llamando apócrifos "por default" a todos los escritos deuterocanónicos, y suelen no incluirlos en sus propias versiones de la Biblia. Algunas de las Biblias protestantes mayormente importantes, sin embargo, solían incluirlos como apéndices, tales como la King James Version, algunas reediciones de la Biblia alemana de Martín Lutero, y las primeras ediciones de la Reina-Valera. (Casiodoro de Reina decidió incluirlos como parte integral del Antiguo Testamento en la Biblia del Oso, la primera edición de la Reina-Valera, en el año de 1569. Y Cipriano de Valera, su primer revisor y corrector de estilo, optó por reunirlos aparte, como un tercer grupo de textos intertestamentarios, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, en su revisión de 1602. Sin embargo, a causa de confrontaciones de tipo ideológico, fueron suprimidos por los editores de las revisiones hechas de forma posterior a la muerte de Reina, y de Valera.) Apócrifos del Nuevo TestamentoLos apócrifos del Nuevo Testamento incluyen varios evangelios y vidas de los apóstoles. Algunos de ellos fueron escritos evidentemente por autores gnósticos o miembros de otros grupos posteriormente definidos como herejes. Muchos de estos textos fueron descubiertos en los siglos XIX y XX, generando una intensa especulación acerca de su importancia en los inicios del cristianismo entre los eruditos religiosos. Si bien los protestantes, católicos y, en general, los ortodoxos están de acuerdo acerca de qué libros están incluidos en el canon del Nuevo Testamento, la Iglesia ortodoxa etíope solía incluir las epístolas I y II de Clemente y al Pastor de Hermas. A su vez otras iglesias como la Copta, tenían en sus pasajes escritos que describían la niñez de Jesus. Lutero consideraba apócrifa a la epístola de Santiago, dudando de su autoría por las diversas figuras del Nuevo Testamento llamadas Santiago. También porque la epístola contiene una declaración que contradice aparentemente las enseñanzas de Lutero de la salvación sólo por la fe: la "fe sin obras está muerta" (2:26). Su edición de la Biblia relegó a éste y otros tres libros (la Epístola a los Hebreos, la Epístola de Judas y el Apocalipsis), para un apéndice. Posteriormente se incluyeron estos libros con el canon protestante en su Nuevo Testamento, pero los colocaron luego de esos libros. Por lo tanto, los libros del Nuevo Testamento Luterano (al menos en alemán) están ordenados en forma diferente a otras biblias protestantes. Un libro apócrifo del Nuevo Testamento bien conocido es el Evangelio de Tomás, el único texto completo que fue encontrado en la ciudad egipcia de Nag Hammadi en 1945. El Evangelio de Judas, un evangelio gnóstico, también recibió mucha atención de los medios masivos cuando fue reconstruido en 2006. Han ejercido y ejercen un enorme influjo en la piedad e iconografía cristianas. Entre las tradiciones conservadas únicamente en los apócrifos, se cuentan los nombres de los padres de María (Joaquín y Ana), el episodio de la Presentación de la Virgen niña en el templo, el número y los nombres de los Reyes Magos (Melchor, Gaspar, Baltasar), la presencia de un asno y un buey en el pesebre donde María dio a luz. También se encuentran los nombres y las historias del Buen Ladrón (Dimas) y del Mal Ladrón (Gestas), la historia de Verónica (recogida incluso en el Via Crucis tradicional), el nombre (Longinos) del centurión que atravesó el costado de Jesús en la cruz, o la primera sugerencia explícita de la virginidad perpetua de María, que se encuentra en el Protoevangelio de Santiago. La fuerte presencia de esas tradiciones en la liturgia lleva con frecuencia a olvidar que ninguno de ellos figura en los Evangelios canónicos. Entre los textos apócrifos se cuentan numerosos Evangelios; entre ellos hay los que llevan nombres de personajes famosos de la iglesia primitiva a los que se atribuyen estos escritos, como el Evangelio de Tomás del cual se encontraron antiguas copias en copto, manuscritas por una comunidad de cristianos gnósticos; otros fueron titulados por el supuesto contenido de la obra (Evangelio de la Verdad), por su origen (evangelios atribuidos a Marción, a Cerinto) o por el grupo al que estuvieron destinados (Evangelio de los Hebreos, de los griegos, etc.) En el siglo XIX comenzaron a hacerse unos estudios a fondo sobre estos textos. Se encontraron escritos "apócrifos" desde el año 300 a. C. hasta el Nuevo Testamento, que proporcionaron a los investigadores una gran riqueza como fuentes históricas, además información sobre el tema de la inmortalidad, resurrección etc y sus creencias a través de los siglos, siempre desde un punto de vista escatológico. Bibliografía
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