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Tito Flavio Domiciano (24 de octubre del 51 - 18 de septiembre de 96), comúnmente conocido como Domiciano, fue emperador del Imperio Romano desde el 14 de octubre de 81 hasta su muerte el 18 de septiembre de 96. Fue el último emperador de la Dinastía Flavia, la cual reinó sobre el Imperio Romano desde el año 69 hasta el año 96 y abarcó los reinados de su padre, Tito Flavio Vespasiano (69 - 79), de su hermano mayor Tito Flavio Sabino Vespasiano (79 - 81) y finalmente el suyo propio (81 - 96). Su juventud y los inicios de su carrera transcurrieron a la sombra de su hermano Tito, que alcanzó considerable renombre militar durante las campañas en Germania y Judea de los años 60. Dicha situación se mantuvo durante el reinado de su padre Vespasiano, coronado emperador el 21 de diciembre de 69, tras un largo año de guerras civiles conocido como el Año de los Cuatro Emperadores. Al tiempo que su hermano gozó de poderes semejantes a los de su padre, él fue recompensado con honores nominales que no implicaban responsabilidad alguna. A la muerte de su padre el 23 de junio de 79, Tito le sucedió pacíficamente, pero su corto reinado finalizó abrupta e inesperadamente a su muerte por enfermedad, acaecida el 13 de septiembre de 81. Al día siguiente Domiciano fue proclamado emperador por la Guardia Pretoriana; su reinado, que duraría quince años, sería el más largo desde el de Tiberio. Las fuentes clásicas le describen como un tirano cruel y paranoico, ubicándole entre los emperadores más odiados al comparar su vileza con las de Calígula o Nerón. No obstante, la mayor parte de las afirmaciones acerca de él tienen su origen en escritores que le fueron abiertamente hostiles: Tácito, Plinio el Joven y Suetonio. Dichos hombres exageraron la crueldad del monarca al efectuar adversas comparaciones con los Cinco Buenos Emperadores que le sucedieron. A consecuencia de todo ello, la historiografía moderna rechaza la mayor parte de la información que contienen las obras de estos escritores al considerarles poco objetivos.[1] Se le describe como un autócrata despiadado pero eficiente, cuyos programas pacíficos, culturales y económicos fueron precursores del próspero siglo II, en comparación con el turbulento crepúsculo del siglo I. Su muerte marcó el final de la Dinastía Flavia, así como la instauración de la Antonina.
BiografíaJuventudFamiliaNacido el 24 de octubre del año 51, era el tercer hijo de Tito Flavio Vespasiano y Domitilla la Mayor.[2] Sus hermanos eran Domitilla la Menor (nacida en el 39) y Tito Flavio Sabino Vespasiano (nacido el mismo año que su hermana y conocido popularmente como Tito). Las décadas de guerra civil que azotaron al Imperio a lo largo del Siglo I a. C. habían contribuido enormemente a la decadencia de la vieja aristocracia romana, que fue gradualmente sustituida en el poder por una nueva nobleza provincial durante la primera parte del siglo I.[3] Una de esas familias fue la de los Flavios, o gens Flavia, que se elevó desde una oscuridad relativa hasta la prominencia en tan sólo cuatro generaciones, adquiriendo considerable riqueza e influencia bajo el reinado de los emperadores de la Dinastía Julio-Claudia. El bisabuelo de Domiciano, Tito Flavio Petro, sirvió como centurión bajo las órdenes de Cneo Pompeyo Magno durante la Segunda Guerra Civil de la República de Roma. Su carrera militar terminó cuando Pompeyo fue derrotado de manera aplastante por Julio César en la Batalla de Farsalia.[2] Sin embargo, Petro logró mejorar su situación casándose con Tértula, una mujer sumamente rica, cuya fortuna garantizó el ascenso del hijo de ambos, Tito Flavio Sabino, el abuelo de Domiciano.[4] El mismo Sabino amasó una gran riqueza como recaudador de impuestos en la provincia de Asia y como banquero en Helvecia. Al casarse con Vespasia Polión se alió con una de las familias patricias de mayor abolengo aristocrático. La riqueza y el linaje de los hijos de Vespasia Polión y Tito Flavio Sabino II garantizaron el ascenso de sus hijos, Vespasiano y Tito Flavio Sabino, al rango senatorial.[4] La carrera política de Vespasiano comprendió los cargos de cuestor, edil, pretor, culminando con un consulado en 51, año de nacimiento de Domiciano. Vespasiano alcanzó la gloria militar merced a su destacada participación en la Invasión de Britania.[5] Aunque las fuentes antiguas alegan la pobreza de la familia flavia durante la época del nacimiento de Domiciano,[6] e incluso sugieren que los Flavios habían caído en desgracia durante los reinados de Calígula (37 - 41) y Nerón (54 - 68),[7] historiadores modernos como Jones afirman que estos relatos constituyen sólo una parte de la campaña propagandística realizada durante los reinados de los emperadores pertenecientes a la Dinastía Flavia; dicha campaña tenía como fin minar la popularidad de estos impopulares emperadores y alabar la del emperador Claudio (41 - 54) y la de su hijo Británico.[8] Al parecer, el favor imperial hacia los Flavios fue considerable a lo largo del periodo comprendido entre 40 y 60. Mientras Tito recibía una extraordinaria educación en la corte imperial junto a Británico, Vespasiano detentó importantes magistraturas civiles y militares. Tras haber estado retirado de la vida pública durante la década de 50, Nerón nombró procónsul de África a Vespasiano (63). El futuro emperador acompañará al emperador en un viaje a Grecia en 66.[9] Tras el estallido de la Gran Revuelta Judía en la provincia de Judea, el emperador designó a Vespasiano comandante de los ejércitos allí estacionados.[10] Al finalizar su formación militar, Tito se unió a su padre y dirigió personalmente una de sus tres legiones durante la campaña.[11] Adolescencia y carácter
Busto de Vespasiano, Museo Pushkin (Moscú). Domiciano tenía quince años cuando el emperador Nerón encargó a su padre la tarea de someter a los rebeldes judíos.
Ya en el año 66, hacía tiempo que habían muerto tanto la madre como la hermana de Domiciano, mientras que su padre y su hermano lideraban los ejércitos de Germania y Judea; todo ello motivó que pasara la mayor parte de su adolescencia en ausencia de sus parientes más cercanos. Durante la Guerra Judeo-Romana, Domiciano pasó al cuidado de su tío Tito Flavio Sabino, que era praefectus urbi de Roma. Es probable que Marco Coceyo Nerva, quien sería su sucesor en el trono, lo tomara bajo su protección.[10] Recibió una educación privilegiada, digna de un joven procedente de la clase senatorial; estudió retórica y literatura. Suetonio, en su obra Las vidas de los doce césares escribe acerca de la capacidad que tenía para citar frases de grandes poetas como Homero o Virgilio en las ocasiones adecuadas,[12] [13] y lo describe como un adolescente culto y educado, capaz de conversar de una manera muy elegante.[14] Sus primeras obras publicadas fueron poemas, así como tratados sobre la ley y administración. A diferencia de su hermano Tito, no fue criado propiamente en la corte imperial, ni parece que recibiera una educación militar formal; aunque Suetonio le describe como un tirador diestro.[15] Suetonio, además, consagra una parte importante de su biografía a hablar de la personalidad de Domiciano y proporciona una detallada descripción de su carácter y apariencia física. Domiciano era de elevada estatura, semblante modesto, tez sonrosada y ojos grandes, aunque débiles; era hermoso y apuesto, sobre todo en la juventud, aunque tenía los dedos de los pies muy cortos. Más adelante a este defecto se unieron otros: cabeza calva, vientre enorme y piernas extraordinariamente delgadas, y más debilitadas aún por larga enfermedad.[16]
Al parecer, su calvicie le avergonzaba tanto que en etapas posteriores trató de disimularla con el empleo de pelucas.[17] Siempre según Suetonio, se obsesionó tanto que llegó a escribir un libro acerca del cuidado del cabello.[16] En lo que respecta a su personalidad, los escritos de Suetonio alternan bruscamente entre una descripción emperador-tirano, el de un hombre física e intelectualmente perezoso o el de un emperador de carácter refinado y de gran inteligencia.[18] Brian Jones concluye en su obra, The Emperor Domitian, que es complicado hablar acerca de la verdadera naturaleza de la personalidad de Domiciano a causa de la parcialidad de las fuentes supervivientes.[18] Según sugieren las partes comunes de las fuentes supervivientes, parece ser que carecía del carisma natural de su hermano y de su padre, que era propenso a sospechar de las personas, y que estaba dotado de un extraño y en ocasiones autodespreciativo sentido del humor.[19] [20] La naturaleza de su carácter se vio agravada por su tendencia al aislamiento del resto del mundo; a medida que pasaban los años esta tendencia se acentuó hasta el punto que se comunicaba de manera críptica con los demás o incluso dejaba de mantener contacto con nadie. Quizá esto fuera consecuencia de su infancia, transcurrida lejos de sus familiares más cercanos.[10] Es más, cuando tenía dieciocho años la mayor parte de sus familiares cercanos habían muerto en combate o de enfermedad. Por otro lado, y a consecuencia de haber pasado casi toda su juventud bajo el reinado de Nerón, sus años de educación estuvieron fuertemente influenciados por la agitación política de la época, que culminó con la guerra civil de 69 que llevaría a su familia al poder. Ascenso de la Dinastía FlaviaAño de los Cuatro EmperadoresEl 9 de junio del año 68, entre la creciente oposición del Senado y el ejército, Nerón se suicidó, terminando así con la Dinastía Julio-Claudia y desatando una devastadora guerra civil conocida como el Año de los cuatro emperadores. En dicha guerra, los cuatro generales más influyentes del Imperio Romano -Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano - se fueron disputando sucesivamente el control del mismo. Informado de la muerte del último Julio-Claudio, así como del nombramiento como emperador de Servio Sulpicio Galba, entonces gobernador de Hispania Tarraconense, el futuro emperador decidió pausar su campaña y enviar a su hijo Tito a presentar sus respetos al nuevo emperador.[21] Antes de alcanzar Italia, Tito fue informado de que Galba había sido asesinado y de que Otón había sido nombrado su sucesor. Nada más iniciar su reinado, el ex-gobernador de Lusitania tuvo que hacer frente a la rebelión de Vitelio y sus legiones germanas. El rebelde fue coronado emperador por sus tropas e inició una marcha sobre Roma. No queriendo arriesgarse a ser capturado por ninguno de los dos bandos, Tito suspendió el viaje y volvió a Judea junto a su padre.[22] Otón y Vitelio eran conscientes de la amenaza que representaba Vespasiano. Con cuatro legiones a su disposición, lideraba una fuerza compuesta por unos 80.000 soldados. Además, su sólida posición en Judea le confería la ventaja de estar próximo a la provincia de Egipto, territorio vital que controlaba el suministro de grano de la capital. Paralelamente, su hermano, Tito Flavio Sabino, era praefectus urbi, por lo que controlaba el destacamento militar estacionado en la ciudad.[23] A pesar de que la tensión entre sus tropas se acrecentaba, decidió no pasar a la acción mientras Galba y Otón detentaron el poder. Sin embargo, tras la derrota de Otón en Bedriacum,[24] y de su noble suicidio, que emocionó a Roma, los ejércitos de Judea y Egipto decidieron actuar y nombraron emperador a Vespasiano el 1 de julio de 69.[25] Vespasiano aceptó y, tras duras negociaciones, Tito obtuvo el apoyo del gobernador de Siria, Muciano; esta unión representaba la formación de una imponente fuerza en el Este.[26] Al tiempo que Vespasiano se trasladaba a Alejandría a fin de asegurarse el control de la provincia egipcia, Tito quedó al mando del conflicto que les enfrentaba con los judíos sediciosos; por todo ello, sobre Muciano recayó la tarea de tomar Roma.[27] [28] En Roma, Vitelio puso a Domiciano bajo arresto domiciliario a fin de poder emplearlo como rehén ante el inminente ataque de Muciano a la capital.[29] La situación del emperador era desesperada, pues sus soldados desertaron en masa a las filas de su adversario. El 24 de octubre de 69 los dos ejércitos se enfrentarían en la Bedriacum; dicha batalla finalizó con una aplastante victoria sobre los soldados vitelianos.[30] Tras su derrota, Vitelio trató de firmar un tratado en el que renunciaba al trono voluntariamente; no obstante, los pretorianos se lo impidieron.[31] La mañana del 18 de diciembre el emperador se encaminó al Templo de la Concordia a fin de depositar la insignia imperial; sin embargo, en el último momento volvió sobre sus pasos y regresó al Palacio Imperial. Creyendo a Vitelio fuera de juego, los estadistas más influyentes de la capital se reunieron en la casa del Flavio Sabino[32] y declararon emperador a Vespasiano. Pero las tropas de Vitelio atacaron a la escolta de Sabino obligándola a refugiarse en la Colina Capitolina.[33] Aunque Muciano se acercaba a Roma, los familiares de Vespasiano no fueron capaces de resistir el asedio. A la mañana siguiente, las tropas imperiales irrumpieron en el Arx; Sabino cayó víctima de la escaramuza que se produjo.[34] Domiciano logró escapar disfrazándose de adorador de Isis y pasó la noche en casa de uno de los simpatizantes de su padre.[35] El 20 de diciembre, Vitelio y sus ejércitos fueron derrotados y sus oficiales ejecutados por las tropas de Vespasiano. Sin nada que temer, Domiciano salió de su escondite y se presentó a las fuerzas invasoras, que lo aclamaron como César y lo condujeron a la casa de su padre.[36] El 21 de diciembre, el Senado proclamó oficialmente a Vespasiano como emperador, terminando así con este sangriento ciclo de guerras civiles.[37] Había finalizado el año de los cuatro emperadores; se iniciaba el reinado de Vespasiano. Consecuencias del conflicto
La Conspiración de Cayo Julio Civilis Rembrandt (1661). Durante la rebelión de los batavios, Domiciano disfrutó momentáneamente de una oportunidad de alcanzar la gloria militar; sin embargo, los oficiales superiores le denegaron el mando de una legión.
Aunque la guerra civil hubiera finalizado oficialmente, un estado de anarquía se apoderó de la capital durante los primeros días que transcurrieron tras el fallecimiento de Vitelio; sin embargo, Muciano restauró el orden de manera satisfactoria a principios de 70. Por su parte, Vespasiano no acudiría a Roma hasta septiembre de aquel año.[35] En ausencia de su padre y su hermano, Domiciano actuó como representante de los Flavios en el Senado, cuyos integrantes le otorgaron el título de César y lo nombraron pretor con poderes proconsulares.[38] No obstante, su poder y autoridad eran puramente nominales, presagio del papel que desempeñaría a lo largo de los siguientes doce años. Todas las fuentes afirman que era Muciano el que detentó el verdadero poder en ausencia del emperador; el ex-gobernador de Siria no permitió que un joven de dieciocho años traspasara los límites de su función simbólica.[38] Tácito describe su primer discurso ante los senadores como un informe breve y moderado.[39] A fin de controlarle, se mantuvo una estrecha vigilancia sobre el séquito del César; además, los militares más influyentes como Arrio Varo, praefectus praetorio, o Antonio Primo, comandante de los efectivos del emperador en Bedriacum, fueron enviados a peligrosas misiones en provincias lejanas y sustituidos por hombres fácilmente controlables como Arrecino Clemente.[38] Al igual que había hecho con sus ambiciones políticas, Muciano hundió las aspiraciones militares del joven. El Año de los cuatro emperadores había causado una gran inestabilidad en las provincias, conduciendo a una serie de rebeliones lideradas por regímenes locales; en la Galia, comandados por Cayo Julio Civilis, los batavios, efectivos auxiliares de las legiones del Rin, desertaron y se unieron a los tréveres de Julio Clásico. Desde la capital se enviaron siete legiones comandadas por el cuñado del emperador, Quinto Petilio Cerial, que sometió rápidamente a los sediciosos. A pesar de ello, Muciano se vio forzado a marchar con sus propias tropas a la zona afectada a consecuencia de los exagerados informes que había recibido. El César trató entonces de alcanzar una reputación como militar, para lo que se unió a los oficiales con la esperanza de que se le concediera el mando de una legión. Tácito escribe que Muciano no confiaba en Domiciano, si bien prefería que permaneciera cerca de él, en dónde pudiera controlarle, en lugar de en Roma.[40] Cuando llegaron las noticias de la victoria de Cerial, Muciano intentó disuadir al hijo de su aliado de perseguir la fama militar.[41] Sin embargo, Domiciano decidió escribir directamente a Cerial, al que sugirió que le traspasase el mando del ejército. Advertido por Muciano, este le volvió a rechazar.[42] La llegada de su padre a la ciudad le apartó definitivamente de la política. Pasó los años siguientes dedicándose a las artes y a la literatura.[42] Matrimonio
Busto de Domicia Longina, esposa de Domiciano. Nótese el peculiar peinado, muy popular durante el gobierno de la Dinastía Flavia.
Fracasada su carrera política y militar, el futuro emperador centró su atención en los asuntos que afectaban a su vida doméstica. Vespasiano intentó concertar un matrimonio entre su hijo menor y la hija de Tito, Julia Flavia.[43] Sin embargo, éste estaba tan profundamente enamorado de Domicia Longina que logró convencer a su marido, Lucio Elio Lamia, de que se divorciarse con el objeto de poder casarse con ella él mismo.[43] Vespasiano, aunque en un principio se opuso a esta unión, cedió al ver lo beneficiosa que era para ambas familias. Longina era hija de Corbulo, un militar competente y político respetado, que fue asesinado por órdenes de Nerón tras el fracaso de la Conspiración de Pisón. A través de este matrimonio no sólo se reestablecían las conexiones con la oposición senatorial, sino que también se reforzaba la campaña propagandística que trataba de ocultar el éxito experimentado por la carrera política de Vespasiano durante el reinado del odiado emperador. Los oficiales imperiales manipularon la información a fin de crear unos falsos vínculos con los fallecidos Claudio y Británico. Se rehabilitaron las propiedades de las víctimas de los excesos de Nerón.[44] Al parecer el matrimonio fue feliz,[45] aunque se vio obligado tolerar constantes acusaciones de adulterio y divorcio.[46] En 73 nacería el único hijo de la pareja, un varón del que se desconoce el nombre fallecido en 81.[47] Jones opina que esta fue la razón por la que en 83 Domiciano exilió a su esposa bajo acusaciones de infertilidad.[48] Sin embargo la haría volver; quizá por amor o con el objeto de acallar los rumores que le relacionaban con su sobrina, Julia Flavia.[49] Se desconoce si tuvo algún hijo ilegítimo, más nunca se volvió a casar. Tras suceder en el trono a su hermano, otorgó a su mujer el título honorífico de Augusta y forzó al Senado a deificar a su hijo. Esta información procede del grabado presente en el reverso de una moneda expedida durante su reinado.[50] Heredero de carácter formal. Ascenso al trono
Triunfo de Tito, por Sir Lawrence Alma-Tadema (1885). La pintura describe la procesión triunfal de la Familia Flavia durante el triunfo de Tito. Vespasiano aparece a la cabeza de la familia ataviado de Pontifex Maximus, seguido por Domiciano y Domicia Longina y finalmente por Tito, que porta una regalía religiosa.
En junio de 71, Tito regresó a la capital tras derrotar a los sediciosos que se habían rebelado en Judea. El conflicto se había saldado con la captura o fallecimiento de c. de un millón de personas, de las cuales la mayoría eran judías.[51] Se destruyeron Jerusalén y su templo y se capturó y esclavizó a 100.000 personas.[51] A fin de recompensar su victoria, el Senado concedió a Tito un triunfo; durante la celebración del mismo, los miembros de la Dinastía Flavia se presentaron ante el pueblo romano precedidos por un desfile en el que se exhibía el botín de guerra.[52] A la cabeza de la procesión iban Tito y Vespasiano, seguidos por Domiciano - a lomos de un semental blanco - y el resto de la familia.[53] Tras ejecutar a los líderes de la resistencia judía en el Foro se realizaron sacrificios religiosos en el Templo de Júpiter.[52] A fin de conmemorar la victoria de Tito se ordenó la construcción del Arco de Tito, situado en la entrada sureste del Foro. El regreso de su hermano puso de manifiesto la insignificancia de Domiciano, tanto militar como políticamente. En su condición de primogénito y merced a su experiencia, Tito fue nombrado cónsul en siete ocasiones, censor en una, y, además, se le concedió la tribunicia potestas y el mando sobre el cuerpo de seguridad imperial, la Guardia Pretoriana; todo ello durante el reinado de su padre.[54] Por otra parte, estas concesiones confirmaban que Tito era el heredero del Imperio.[55] A Domiciano se le concedieron los títulos honoríficos de césar o princeps iuventis, además de varios sacerdocios como el de augur, pontifex, frater arvalis, magister frater arvalium y sacerdos collegiorum omnium,[56] aunque ningún cargo con imperium. Ejerció un consulado ordinario en 73 y cinco consulados suffectus en 71, 75, 76, 77 y 79, sustituyendo casi siempre en el puesto a su padre o a su hermano a mediados de enero. Durante los reinados de ambos no obtuvo ningún cargo público de importancia.[56] Por otro lado, y si bien sus cargos eran más formales que materiales, esos puestos sirvieron sin duda para que Domiciano adquiriese una valiosa experiencia tratando con el Senado.[56] Muciano, estrecho colaborador de su padre durante el año de los cuatro emperadores, desapareció completamente de la vida pública y es probable que muriera en 75/7.[57] El verdadero poder se concentró en manos de Vespasiano, Tito, y sus aliados políticos; el Senado se mantuvo como una falsa fachada de democracia.[58]
Por todo ello, Tito pasó gran parte de su reinado tratando de restaurar las propiedades de las víctimas. El 13 de septiembre del 81, tras dos años en el trono, el hermano de Domiciano falleció a causa de unas fiebres que contrajo durante un viaje que realizó al territorio de los sabinos.[63] Las fuentes clásicas implican a Domiciano en esta muerte, acusándolo directamente de asesinato,[64] o afirmando que abandonó a su hermano cuando éste se encontraba muy enfermo a fin de que muriera.[53] [65] La veracidad de estas historias, sobre todo considerando la subjetividad de las fuentes contemporáneas, es difícil de evaluar.[65] Es muy probable que el afecto fraternal fuera mínimo, hecho nada sorprendente, ya que apenas se conocían entre ellos.[60] Independientemente de la naturaleza de esta relación, Domiciano nunca mostró mucha preocupación por su hermano moribundo. Un día después del fallecimiento de Tito, el Senado proclamó emperador a Domiciano y le concedió la tribunicia potestas, el cargo de pontifex maximus, y los títulos de augusto y pater patriae. EmperadorAdministraciónComo emperador, Domiciano puso pronto fin a la falsa fachada de democracia republicana establecida por su padre y estimulada durante el reinado de su hermano.[66] Hizo del Senado una institución obsoleta al concentrar en sus manos los poderes gubernamentales. En su opinión el Imperio debía ser gobernado por una monarquía divina dirigida por él, un déspota benevolente.[66] Al margen de su poder político, estima que su papel como emperador abarca los aspectos de la vida cotidiana de la sociedad romana. Constituye el referente cultural, así como la autoridad moral.[67] Al embarcarse en una serie de ambiciosos proyectos económicos, militares y culturales destinados a reestablecer la gloria que experimentó el Imperio durante el reinado del emperador César Augusto,[68] señaló el camino hacia una nueva época de prosperidad imperial dirigida por el gobierno de los Cinco Buenos Emperadores. A pesar de sus revolucionarios proyectos, estaba determinado a gobernar el Imperio concienzuda y escrupulosamente; de este modo se implicó personalmente en todas las ramas de la administración imperial.[69] Los edictos publicados durante su reinado afectaban a los aspectos más íntimos de la vida privada de los romanos, mientras que los impuestos, las leyes y la moral pública se aplicaron de manera rigurosa. Según Suetonio, la burocracia imperial jamás se desempeñó de manera tan eficiente que durante su periodo como emperador; su opresiva exigencia y su predisposición a la sospecha provocaron los niveles más bajos de la historia relativos a la corrupción existente entre los gobernadores provinciales y los funcionarios electos.[70] Aunque no atacara al Senado de manera expresa, los integrantes de la cámara consideraban indigno la posición a la que habían sido relegados por la política del emperador. En cuanto a los cargos públicos, no hubo casi ningún tipo de favoritismo por motivos familiares, sino que se distribuyeron entre sus hombres de confianza; de ese modo rompía con la política nepotista practicada por Tito y Vespasiano.[71] A la hora de asignar los oficios valoraba por encima de todo la lealtad y la maleabilidad, cualidades que encontró más entre los hombres pertenecientes al ordo equester que entre los senadores o sus familiares, de los que desconfiaba y a los que destituía si no estaban de acuerdo con la política imperial.[72] Su autocracia se acentuó con el hecho de que permaneció largos periodos de tiempo fuera de la capital, comparables a los de Tiberio en Capri o Rodas.[73] A pesar de que el poder del Senado ya había disminuido considerablemente tras la caída del orden republicano, durante el reinado de Domiciano el poder central no parecía siquiera encontrarse en la capital imperial, sino en el lugar en el que él se encontrara.[66] De hecho, los miembros de la corte imperial habitaron en Alba o Circeo hasta que se completó la construcción del Palacio Flavio, emplazado en la Colina Palatina. El emperador viajó por todas las provincias occidentales del Imperio, permaneciendo tres años en Germania e Iliria; desde estas provincias combatió a las tribus que amenazaban sus territorios.[74] Economía
Tras su ascenso al trono, Domiciano revaluó la moneda al aumentar en un 12% el contenido de plata de cada denarius. Esta moneda conmemora la deificación de su hijo, fallecido en c. 81.
La tendencia a la microgestión del emperador se hizo evidente en su política financiera. Aunque la cuestión de si Domiciano dejó la economía imperial con deuda o superávit ha sido intensamente debatida, la mayoría de las evidencias apuntan a una economía relativamente equilibrada durante la mayor parte de su reinado.[75] A su ascenso al trono revalorizó la moneda al aumentar en un 12% el contenido de plata presente en el denario; no obstante, una crisis en 85 forzó la devaluación de la divisa, que alcanzó el nivel establecido por Nerón en 65. Aun así, su valor se conservó por encima del nivel mantenido durante los reinados de Vespasiano y Tito, y la estricta política fiscal de Domiciano aseguró que dicho estándar se sostuviese los siguientes once años.[76] Las monedas acuñadas durante su reinado manifiestan un considerable grado de calidad, incluyendo una meticulosa atención a la hora de citar los títulos del emperador y un gran cuidado en los retratos integrados en el reverso de dichas monedas, que constituían refinadas obras de arte.[76] Jones establece que durante esta época los ingresos anuales de la administración imperial alcanzaban los 1.200 millones de sestertii, más de un tercio de los cuales se destinaban a costear el mantenimiento del ejército.[75] Gran parte de este dinero subvencionó la reconstrucción de la capital imperial, cuyos dañados edificios habían sufrido el Incendio de 64, el Año de los Cuatro Emperadores (69), y la Erupción del Vesubio (79).[77] Más allá de un plan de reformas, los proyectos urbanísticos de Domiciano estaban destinados a renovar el capital cultural del Imperio. Durante su reinado se erigieron o completaron más de cincuenta nuevas estructuras número sólo superado por los construidos bajo la administración de Augusto.[77] Entre estas nuevas edificaciones destacan un odeón, un estadio, y un imponente palacio construido por el maestro arquitecto Rabirio; esta suntuosa construcción, emplazada en la Colina Palatina, será conocida como el Palacio Flavio.[78] Restauró el Templo de Júpiter, cuyo techo revistió de oro. Completó el Templo de Vespasiano y Tito, el Arco de Tito y el Anfiteatro Flavio; a esta estructura añadió un cuarto nivel y el acabado de la zona interior en las que se sentaba el público.[79] A fin de contentar a la plebe la administración imperial invirtió c. de 135 millones de sestertii en donativos o congiariae.[80] Se resucitaron los banquetes públicos, degradados a simples distribuciones de alimentos durante el reinado de Nerón, y se asignaron grandes cantidades de dinero a los juegos y espectáculos. En 86 se crearon los Juegos Capitolinos, un evento deportivo celebrado cada cuatro años y que integraba competiciones atléticas, carreras de carros y concursos musicales e interpretativos.[81] El emperador subvencionó los viajes que desde cualquier parte del Imperio efectuaban los competidores, y costeó los premios. Se introdujeron innovaciones en el programa de entretenimientos; tales como las simulaciones de enfrentamientos navales, las batallas nocturnas y los combates de gladiadores protagonizados por mujeres y enanos.[82] En las competiciones de carros se añadieron dos nuevas facciones, la de los oros y la de los púrpuras. Aspectos militares
Reconstrucción de una de las atalayas del Limes Germanicus. Lo más significativo de la política militar de Domiciano fue la expansión y mejora de las defensas fronterizas.
Las campañas militares que tuvieron lugar durante su reinado fueron de naturaleza defensiva, pues el emperador rechazaba la idea de la guerra expansionista.[83] Militarmente su aportación más importante fue el desarrollo del Limes Germanicus, una vasta red de caminos, fortalezas y torres de vigilancia construidas a lo largo del Rin a fin de defender el Imperio.[84] Se libraron importantes conflictos; en la Galia contra los chatti, y en la frontera del Danubio contra los suevos, sármatas y dacios. La conquista de Britania continuó bajo el mando de Cneo Julio Agrícola, un competente general que logró conquistar el territorio de Caledonia, correspondiente a la moderna Escocia.[85] En 82 se fundó una nueva legión a fin de combatir a los chatti, la I Minervia.[86] Administró el ejército como había hecho con el resto de ramas gubernamentales, con una incómoda y constante intervención. Sin embargo, su falta de competencia como estratega militar se convirtió en blanco de las críticas de sus contemporáneos.[83] Reclamó varios triunfos, entre el que destaca el celebrado con el objeto ce celebrar la victoria sobre los chatti. No obstante, dichos triunfos constituyen simples maniobras propagandísticas cimentadas sobre ficticias victorias en conflictos que no habían llegado a su término. Tácito los cataloga como «simulacros de triunfos», y efectúa una dura crítica sobre la decisión del emperador de retirar los efectivos estacionados en Gran Bretaña.[87] [88] A pesar de todo, se hizo considerablemente popular entre los soldados tras permanecer junto a ellos tres años de campaña y aumentar un tercio su salario.[89] [84] Mientras sus oficiales sí que pudieron desaprobar sus decisiones tácticas, la lealtad que su figura ejercía en el soldado raso era incuestionable.[90] Campaña contra los chattiCuando ascendió al trono, el emperador trató de labrarse la reputación como militar que no había podido conseguir hasta entonces. A principios de 82/3 se desplazó a la Galia con la pretensión de renovar el censo; sin embargo, a su llegada ordenó al ejército iniciar una campaña contra los chatti.[91] Se fundó la Legio I Minervia a fin de combatir a esta tribu bárbara; sus hombres construyeron más de 75 kilómetros de carreteras para descubrir los lugares donde se ocultaba el enemigo.[86] Aunque ha sobrevivido poca información acerca del conflicto, la rápida vuelta del emperador a la capital apunta a que los romanos alcanzaron una rápida victoria. Se organizó un elaborado triunfo en su honor y él mismo se otorgó el título de Germánico.[92] Los escritores antiguos desprecian esta supuesta victoria, a la que describen como una campaña «fuera de lugar»,[93] de la que deriva un «simulacro de triunfo».[87] El importante papel que esta tribu desempeñó en la revuelta de Saturnino es síntoma de lo espurio de la campaña.[84] Conquista de BritaniaTácito, a través de la biografía de Agrícola, su suegro, confeccionó el informe militar más detallado del Periodo Flavio. El historiador dedica gran parte de la obra a la campaña que lideró éste en Britania (77 - 84).[84] A su llegada a la isla (77/8), Agrícola lideró una campaña en Caledonia, en la moderna Escocia. En 82, el comandante romano alcanzó territorios y combatió a tribus hasta entonces desconocidos para su nación.[94] Tácito escribe que su administración fortificó la costa orientada hacia Irlanda y que su suegro afirmaba a menudo que se podía tomar la isla con una sola legión reforzada por un destacamento de auxiliares.[95] Agrícola refugió a un monarca irlandés exiliado por su pueblo a fin de usarle como excusa para tomar la isla. Aunque dicha conquista nunca tuvo lugar, ciertos historiadores - como Vittorio Di Martino - defienden que las tropas romanas penetraron en ese territorio durante una misión de exploración a pequeña escala o, en su defecto, una expedición de castigo.[96] Al año siguiente Agrícola formó una flota y avanzó allende Forth, río ubicado en Caledonia. A fin de ofrecer una firme cobertura defensiva al avance se construyó la enorme fortaleza de Inchtuthil.[95] En el verano de 84 el comandante romano se enfrentó a las fuerzas caledonias lideradas por Calgaco en la Batalla del Monte Graupio.[94] Aunque los romanos infligieron una aplastante derrota a las fuerzas indígenas, dos terceras partes de las huestes caledonias lograron escapar y esconderse en los pantanos escoceses y en las highlands. Este ejército sería el que a la postre impidió que Agrícola tomara toda la isla bajo su control.[95] En 85 Domiciano decidió llamar a Roma a Agrícola, quien había servido más de seis años como gobernador de la isla, más que cualquier legatus consularis ordinario de la Época Flavia.[95] Tácito afirma en la obra que dedicó a su suegro que el motivo por el cual este había vuelto a ser llamado a la capital imperial era que sus victorias hacían sombra a los modestos triunfos que había obtenido el emperador en Germania.[87] La relación entre Agrícola y Domiciano no está clara: por un lado el primero fue recompensado con honores triunfales y en su honor se erigió una estatua; por otro nunca pudo volver a ejercer cargo público alguno, a pesar de su experiencia y su fama. Aunque se le ofreció el gobierno de la provincia de África, Agrícola se negó; quizá a consecuencia de su mala salud o, tal como escribe Tácito, por temor a las maquinaciones del emperador.[94] Poco después de que Agrícola regresara a Roma el Imperio Romano entró en guerra en Oriente con el Reino de Dacia. A medida que se fueron requiriendo refuerzos en el este, Domiciano comenzó a retirar a las legiones que estaban desplegadas en suelo britano. Se desmanteló la fortaleza de Inchtuthil y se abandonaron los fuertes y demás fortificaciones de Caledonia; además, se desplazó la frontera romana 120 kilómetros al sur.[97] Es posible que los mansos militares echasen en cara a Domiciano su decisión de retirarse, pero para él los territorios caledonios no suponían más que una pérdida de dinero para el Erario.[84] Guerras Dacias
La provincia romana de Dacia (el área señalada en rojo), tras la conquista de Trajano de 106. A la derecha de la imagen se encuentra el Mar Negro.
La amenaza más peligrosa a la que el Imperio tuvo que hacer frente durante el reinado de Domiciano tenía su origen en el norte de Iliria, donde suevos, sármatas y dacios realizaban continuas incursiones sobre los asentamientos romanos ubicados a orillas del Danubio. De estos pueblos, los más poderosos eran los sármatas y los dacios. Liderados por su rey, estos últimos cruzaron el Danubio y se internaron en la provincia de Mesia, sembrando el caos a su paso (84/5) y asesinando brutalmente al gobernador, Sabino.[98] El emperador se trasladó de inmediato a la provincia a la cabeza de un ejército; aunque en la práctica delegó el mando en su praefectus Fusco, quien, a mediados del año 85, logró hacer retroceder a los dacios hasta su territorio. El emperador regresó a la capital imperial a fin de celebrar su segundo triunfo.[99] Sin embargo, la victoria no sería definitiva ya que, a principios del año 86, Fusco se embarcó en una fatídica expedición en territorio dacio, de la que derivó la completa destrucción de la Legio V Alaudae en Tapae. El praefectus fue asesinado y el aquila de la Guardia Pretoriana, robada.[100] El emperador regresó a Mesia en agosto del año 86. Una vez ahí dividió la provincia en Baja y Alta Mesia y trasladó tres nuevas legiones a la frontera del Danubio. Liderados por Tetio Juliano, los romanos volvieron a invadir Dacia en 87, y consiguieron derrotar a Decebalo en el mismo lugar donde Fusco había sido derrotado (88).[101] Sin embargo, la situación se complicó cuando los dacios consiguieron derrotar a los romanos en Sarmizegetusa, y los germanos devastaron la frontera alemana. A fin de evitar un conflicto en dos frentes, el emperador llegó a un acuerdo con el monarca dacio para la firma de un tratado de paz por el cual se permitiría el libre acceso de efectivos romanos a través de territorio dacio a cambio de una retribución anual de ocho millones de sestertii para Decébalo.[73] Los escritores contemporáneos se mostraron inflexiblemente críticos con el documento, que consideraban vergonzoso para los romanos y al que criticaban que no contemplase cláusula alguna que sancionara a los asesinos de Fusco y Sabino.[102] Durante el resto del reinado de Domiciano, el territorio dacio se mantuvo relativamente pacífico como reino cliente del Imperio; sin embargo, Decébalo invirtió el dinero romano en la construcción de defensas y volvió a desafiar a Roma en ulteriores ocasiones. La victoria decisiva sobre el rebelde monarca dacio no se produciría hasta 106, durante el reinado de Trajano. Aunque el ejército romano sufrió graves pérdidas, el Imperio capturó Sarmizegetusa, y lo más importante, las minas de oro y plata localizadas allí.[103] Política religiosa | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||